EL FAEDO DE CIÑERA

Quiero empezar mi blog compartiendo un trozo de mi tierra natal. Pocos sitios tienen la habilidad de hacerte desconectar completamente de todo cuanto conoces, de transportarte a un estado atemporal y mágico, el faedo de Ciñera sin duda es uno de ellos. Entre Ciñera de Gordón y las hoces de Villar aparece este fantástico bosque de hayas, con su permanente alfombra marrón que transforma el paisaje inmediatamente. Este pequeño rincón en el mundo parece una cápsula en el tiempo, miras al cielo y ves hayas, miras al suelo y ves hojas y mas hojas, escuchas y…. sólo el ruido del follaje bajo tus pies te recuerda que sigues pisando la tierra.

En medio del bosque hay escondida una joya. Un haya de 500 años, con brazos tortuosos que a veces quieren alcanzar el sol y salir de las eternas sombras del faedo y otras abrazan la tierra en la que lleva anclada tanto tiempo.

¿Conocéis algun lugar que no tenga historia?, ¿os lo imagináis? Este faedo es lo más parecido. La historia ha cambiado a la gente que habita Ciñera, sus pueblos, sus paisajes, sus costumbres, los locales han dejado de ser agricultores para dedicarse a la minería, pero el faedo atemporal, ahistórico, IMPERTURBABLE a todo cuanto le rodea sigue intacto, la historia allí es la vida sin mas.

Es difícil imaginar un sitio sin historia o con una historia desconocida, ajena a las épocas determinadas por la evolución humana. Josefina Diaz, vecina de Ciñera, abuela y escritora de cuentos, inventó una leyenda sobre el bosque que lo acerca a nuestra biografía sin desencantarlo: “El Carbon de Haeda”

“Hace muchos años, cuando aún los hombres vivían al aire libre y los inviernos eran crudos y muy largos, vivía en el Faedo una bruja llamada Haeda. Tenía poderes sobrenaturales que le había otorgado el demonio que le advirtió que debía utilizarlos para hacer el mal, pues si no es así se consumiría en tres días y desaparecería (…) Un día de duro invierno, Haeda estaba sentada (…) y vio a unos padres que no podían resguardar a sus hijos del frío. Usando sus poderes arrancó un montón de piedras de la montaña y las prendió fuego, se pusieron rojas y chispeantes (…) y duraron prendidas toda la noche, (…) los padres y sus hijos durmieron toda la noche calentitos. A la mañana siguiente vieron un montón de ceniza que no sabían de donde provenía. (…) Haeda les ayudó de igual manera al dia siguiente, pero pensó que el invierno era muy largo y que tendría que hacer algo. (…) Juntó las últimas fuerzas que le quedaban e hizo que todas las montañas del valle se llenaran de piedras que se prendieran y dieran calor. Así vinieron muchas familias que fundaron un pueblo sobre las cenizas de Haeda y le llamaron Ciñera. Desde entonces ningun niño pasó frio por las noches. Se dice que la bruja buena se fue a morir al Faedo y dejó los mechones de pelo blanco entre las hayas. Ahora los niños de Ciñera van al Faedo de merienda y juegan bajo la protección de Haeda, que vela para que no falte nunca el carbón”

3 pensamientos en “EL FAEDO DE CIÑERA

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