SAINT MICHAEL MOUNT

Cornualles (Cornwall en inglés) es un lugar lleno de encantos naturales pero con muy poco futuro para la juventud debido al problema que supone encontrar trabajo. La única industria que alguna vez ha tenido importancia en la pequeña península que ocupa este condado es el trabajo del estaño. El comercio del estaño hizo famoso el puerto del monte de Saint Michael en tiempos clásicos. Comenzaré a contar su historia desde este punto, hace ya 2000 años cuanto el estaño de cornualles salía de Saint Michael destino a Europa.
La religión siguió a los comerciantes y así en el 495 DC un pescador se vio sorprendido por el arcangel Gabriel en sus quehaceres, a partir de entonces el enclave fue cada vez más importante como centro religioso. Después de la conquista normanda la abadía de la isla fue regalada a la orden benedictina de San Michel en Francia. Durante la Edad Media el monte se convirtió en un destino cada vez mayor de peregrinos y los milagros siguieron sucediéndose.
No sólo fenómenos paranormales religiosos protagonizan la historia de Saint Michael sino que las batallas y los asedios han turbado la tranquilidad de sus habitantes en numerosas ocasiones. En 1193 fue sitiado por Henry La Pomeray que utilizó el catolicismo como caballo de Troya y disfrazó a sus hombres de peregrinos. En 1473, durante la Guerra de las Rosas, el conde de Oxford volvió a sitiar el lugar por seis meses. Unos cien años más tarde en 1588 el faro de Saint Michael fue el primero en encenderse para dar la voz de alarma ante la llegada de la Armada Española. Además, los Monárquicos defendieron el monte ante el ejército de Oliver Cromwell durante la Guerra Civil.

Esta isla separada de la tierra tan sólo por la marea alta sigue albergando hoy en día la vida de unas treinta familias. La mayor parte de la gente que vive en la isla lo hace en casas situadas en las faldas de la montaña pero hay una familia que vive dentro de la fortaleza desde el siglo XVII, son los Aubyn. Pero no sólo esta familia puede retroceder en su árbol genealógico hasta 300 años atrás sino que muchas de las familias que trabajan en la isla también llevan ese tiempo en ella. Por una parte el paisaje es precioso y la vida allí tiene que ser tranquila incluso agradable pero a mi me parecería más una cárcel del siglo XVII en el que tu padre y el padre de tu padre y así hasta tiempos remotos han sido jardineros y en tí cae la presión de seguir con ese legado prenatal.

El habitante más curioso que jamás habitó la isla (aparte del arcángel Gabriel) fue el gigante Cormoran. El coloso tenía la mala costumbre de robar el ganado de los pueblerinos para saciar su desmesurado apetito. Una noche, un chico del pueblo llamado Jack cansado de soportar la injusticia a la que estaba sometido por el titán decidió revelarse. Fue hasta la isla y cavó durante toda la noche una fosa enorme. Cuando los primeros rayos de sol empezaban a aparecer, sopló con fuerza una trompeta para despertar al gigante de su sueño. Éste medio dormido y cegado por el amanecer cayó en la fosa donde murió. Como testimonio de los heroicos actos de Jack se conserva en la isla el petrificado corazón de Cormoran.

 

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