ATOMIUM

Se proyectó como un edificio efímero que soportaría la exposición universal de 1958 pero como tantas otras obras de arte con este fin rápidamente se convirtió en un símbolo de la ciudad y ya supera el medio siglo de vida. Lo mismo ocurrió con la expo de 1889 en Paris que nos ha dejado la Torre Eiffel o la de Barcelona de 1929 con el Palacio Nacional o la Plaza de España. Su arquitecto André Waterkeyn diseñó una estructura de 103 metros de altura que representa un átomo de cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. El diseño no puede ser más acorde a la época en la que se construyó haciendo hincapié en la fascinación por los avances científicos del momento, la carrera espacial y el poder de una nueva energía, la atómica.

El edificio puede verse desde muchos puntos elevados de Bruselas. Las calles medievales se abren paso hacia un contrapunto futurista que capta la atención de los turistas curiosos. Cinco de sus esferas están abiertas al público y ellas relatan la aventura de esa exposición universal, la primera después de la segunda guerra mundial, sin evitar temas que generaron mucha controversia. El interior del atomium es una mezcla entre ciencia ficción y kitsch que recuerda a los escenarios de series como Star Trek. Sin duda en este caso su belleza es exterior, merece la pena acercarse a esta mole que asombra por su altura y sensación de fragilidad estable

Uno de estos aspectos polémicos de la expo me llamó poderosamente la atención; el trato vergonzoso que Bélgica dio a su principal colonia el Congo. Cabe decir que el tema sobre el que versaba la expo fue “La paz mundial y el desarrollo de la ciencia”, dentro de este marco los belgas protectores de sus súbditos alojaron a varios congoleños en chozas de paja junto a los animales africanos. La autoridades preocupadas por el “bienestar” de sus invitados (o tal vez deberíamos decir mascotas) colgaron varios carteles con el lema “No echar comida a los salvajes”. Teniendo en cuenta la reciente redacción de los derechos humanos y el objetivo de una paz mundial este trato generó críticas que abrieron el debate que llevaría a la independencia congoleña. También es curioso comprobar que dos de los pabellones más grandes fueron los de la URSS y los EEUU, de los cuales sólo se conserva el del último, un reflejo de la historia.

Hoy en día sigue en pie como recuerdo de la historia, como resumen perfecto de un época difícil de contradicciones. Si paseas por el bosque que está situado a un lado del atomium se siente la extrañeza de un objeto no identificado en mitad de la naturaleza. Algo que no debería seguir ahí pero se mantiene en pie tal vez para recordarnos que todas esas contradicciones que albergó siguen vigentes en la actualidad.

2 pensamientos en “ATOMIUM

  1. El humano es contradictorio y por ello sufre y transmite su sufrimiento. Mejor nos dedicamos a conocer lo hecho por otros humanos que, en su experimentar, nos dejas cosas fascinantes.

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