LAS ISLAS BALLESTAS

Perú es una caja sin fondo de maravillas naturales y entre ellas deben figurar las islas Ballestas, que se encuentran en la reserva natural de Paracas, un paraje costero casi desértico, por lo que estas Galápagos para pobres sorprenden en mitad de las dunas. La única manera de acceder a las islas Ballestas es en un tour desde la costa del pueblo de Paracas, no suelo ser muy amiga de estos tours preparados donde se hacinan a los turistas y se les da lo que supuestamente quieren, pero en este caso el viaje en barco merece la pena y los guías dan mucha información sobre los lugares (además los precios son muy razonables).

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La primera parada es ante el Candelabro, esta figura se dibuja en la ladera de una duna del desierto de la reserva, siendo el océano pacífico la única posición desde la cual observar todo su conjunto. Recuerda a las famosas líneas de Nazca y de la misma manera que éstas, esta tallada en roca madre de tal forma que no le pega el viento y no se destruye con el paso del tiempo. Muchas teorías revolotean en torno al origen de este candelabro sin llegar ninguna a ofrecer una explicación completa. Algunos creen que es algún tipo de señal para naves alienígenas, otros que los piratas europeos, que sí conocían la forma de un candelabro, la tallaron como guía para sus barcos. Una teoría que me sorprendió y que merece la pena nombrar es la que expone que José de San Martín, que desembarcó por este lugar de Perú, las hizo, ya que junto a Simón de Bolívar pertenecía a una logia que tenía este símbolo. La verdad es que estas líneas tienen 900 años y la única teoría que me parece plausible es que las hiciera la cultura de Paracas que habitó este lugar por aquel entonces. Aunque nosotros al ver esta figura veamos un candelabro puede que para ellos fuera un cactus que solían utilizar como anestésico para realizar trepanaciones y otras operaciones. Algunos secretos de la historia son difíciles de descifrar, otros nunca llegaremos a saberlos por estas interpretaciones cubiertas de la cultura en que nosotros vivimos.

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Llegamos a las islas Ballestas, el barco recorre los islotes, las cuevas y arcos, todo ello habitado por aves; cormoranes, pelícanos, guanays, piqueros y zarcillos, entre otros. Ciudades de aves, algunas volando y miles de ellas posadas divisando el paisaje y mirándonos a nosotros que pasamos despacio, asombrados. El olor de las islas Ballestas es muy característico y cuando pienso en este viaje lo recuerdo perfectamente; es el olor del guano. A través del guano se podría contar una parte importante de la historia de Perú. Ya los incas conocieron el poder fertilizante de estos excrementos ricos en nitrógeno, pero durante el siglo XIX su exportación se convertiría en una importante fuente de ingresos de Perú. El guano salía de Perú en barcos con destino a Europa y a otras zonas de América. La fiebre del guano causó incluso una guerra en 1865 pero la sobrexplotación de esta materia provocó que casi desapareciera por lo que hoy en día se han impuesto políticas protectoras. El gobierno de Perú permite la recogida del guano tan sólo una vez cada dos años a ciertos trabajadores autorizados que realizan su tarea durante cuatro meses ininterrumpidos.

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Las aves comparten este paraíso con leones marinos y pingüinos de Humboldt, la única especie de pingüino peruana que vive en este lugar debido a que la corriente de Humboldt origina un microclima que recrea su hábitat. Les ves en fila, con el balanceo de su andar, caminando entre aves, conviviendo en una isla que les pertenece y espero que siga siendo siempre así. La costa de las islas más grandes está llena de leones marinos que atraen todas las cámaras de los viajeros. No sabría decir cuántos lobos y leones marinos había allí, algunos peleaban, otros tomaban el sol despreocupadamente, otros nadaban cerca de la barca. En algún islote solitario posaba tranquilamente uno solitario.Imagen

Hay lugares en la tierra que no están hechos para ser habitados por el ser humano, éste es uno de ellos. Un lugar que aunque posee algo por lo que la raza humana ha llegado hasta a una guerra, por mucho que se empeñe no podría vivir allí. Estos lugares aun pertenecen a sus dueños, a sus habitantes más adaptados, es todo un lujo poder ver esta vida como un visitante pasajero. 

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