LOS ANACORETAS DE LA RIOJA

En octubre estuve paseando varios días por La Rioja, conociendo sus paisajes y su gente y desde el primer día estuve fascinada por las caprichosas cuevas que cubren las rojas montañas riojanas. Al principio pensé en la erosión del agua, en pueblos antiguos…  pero me equivoqué, la gran mayoría pertenecen a eremitas que eligieron estas montañas para vivir. En época visigoda,  algunos autores indican que también en la hispano-romana, hubo una proliferación de vida anacoreta en las montañas de La rioja, estos eremitas fueron en muchos casos los precursores de monasterios que hoy en día se conservan.  Es increíble todas las cuevas que hay, con sus ventanas y puertas, realmente no sé si encontraron la soledad que buscaban porque terminaron siendo muchos, pero decoraron el paisaje y hoy merece la pena pasear por estas montañas-viviendas. Ahora no se puede entrar en muchas cavernas por peligro de derrumbe pero muchas otras son utilizadas por los habitantes como bodegas o lugar para guardar los panales de miel.Imagen

Anacoreta viene del latín y significa “moradores del desierto”. Personas que dedican su vida a la contemplación y la penitencia. Para tal fin se alejan del mundo terrenal que les impide triunfar sobre la carne y el diablo. Los primeros eremitas surgieron en países como Egipto, Siria, Fenicia o Mesopotamia. Allí, estos monjes se adentraban en el desierto en búsqueda de la soledad y la felicidad de vencer todas las pasiones divertidas. El caso es que nunca permanecían solos mucho tiempo porque otros monjes seguían sus pasos y se unían en silencio a este maestro,  lo que daba lugar al inicio de un monasterio.Imagen

Había muchos tipos de anacoretas, algunos elegían chozas, grutas o cuevas, otros decidían pasar su penitencia al aire libre (de estos no habría en La Rioja seguramente, porque tenía que haber un frio). Cada cual buscaba la espiritualidad a su manera; los dendritai se subían a la copa de un árbol; los “pastores” vagaban por los bosques sin morada ni alimento sólido comiendo sólo hierbas, raíces y frutas; los giróvanos nunca dejaban de andar demostrando que todos somos peregrinos en esta tierra (estos son los que más me gustan pero sin el matiz de la mortificación, alejarse del mundo y rezar todo el día mientras caminas). Por otra parte, estaban los que no confiaban en evitar los placeres del mundo inmersos en la vida y tenían que encerrarse  entre cuatro paredes, algunas veces sin ventanas ni techo. Y por último los más raros para mí, los estilitas, que pasaban su vida subidos a una columna y predicando desde ahí a la gente.Imagen

Sin duda el anacoreta más famoso de La Rioja es San Millán de la Cogolla que nació en el año 473 no se sabe muy bien el lugar aunque muchos historiadores apuntan a que sería en Berceo. A los veinte años tiene una iluminación y decide dejar su trabajo de pastor e irse a vivir a una cueva de las peñas de Bilibio con el anacoreta Felices que sería su maestro. Después de tres años ya estaba listo para su aventura de ermitaño en verdadera soledad así que se fue a los montes Cogollanos, cerca de Berceo y se excavó una cueva en la que viviría cuarenta años. ¿Os imagináis cuarenta años solos en una cueva, sin hablar con nadie?

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Después de todos estos años deja su cueva y trabaja como sacerdote durante tres años en la iglesia de Berceo. Pero en seguida tiene tensiones con el clero local por su costumbre de repartir entre los pobres los bienes de su iglesia, así que vuelve a su vida eremita, ahora en las cuevas de Aidillo, cerca de Berceo.  Su fama de anacoreta se extiende y comienzan a llegar discípulos  con los que se funda un cenobio donde permaneció Millán hasta su muerte a los ciento dos años.

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San Millán es santo, además de por su vida de anacoreta, por los múltiples “milagros”que efectuó estando vivo y también muerto. Destacan fenómenos como sacar diablos de gente, multiplicar el vino para sus seguidores y sanar gente. Uno de los milagros más conocidos es el de la viga, cuentan que se encontraba Millán paseando por los montes y encontró a dos carpinteros que tenían una viga demasiado corta para utilizarla. Estaban los trabajadores lamentándose por la mala suerte, cuando Millán les dijo que se fueran a comer. A la vuelta de los carpinteros la viga había crecido y hoy en día se encuentra en el monasterio de San Millán de Suso.Imagen

Cada pueblo tiene sus leyendas, sus historias imposibles y su pasado. En La Rioja hoy se conservan muchos monasterios dignos de ser visitados por su historia y su belleza pero también vale la pena remontarse más hacia el pasado y leer en las montañas la huella de personas que buscaron un estilo de vida diferente.Imagen

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