EL CONVENTO DE LOS CAPUCHOS O CONVENTO DE CORCHO

Sintra es un lugar con una naturaleza rebosante y un clima perfecto que ha atraído a condes y reyes a sus montañas para erigir entre su verdor palacios, quintas o chalets donde evidenciaban la opulencia de su época. La ciudad merece muchas entradas, y ésta es tan sólo la primera de ellas, ya que su belleza se extiende cada dos pasos. Sin embargo para comenzar con Sintra os voy a hablar del único rincón donde se asentaron los que no querían derrochar y vivir entre lujos; estoy hablando de los monjes franciscanos que comenzaron a habitar el Convento Dos Capuchos en 1560.

El claustro se constituía como el espacio íntimo de esta comunidad franciscana. Foto: Sara Gordón

El claustro se constituía como el espacio íntimo de esta comunidad franciscana. Foto: Sara Gordón

Un lugar que me ha impactado particularmente y no creo que deje indiferentes a los viajeros que pasan por aquí. Entre estos árboles que se levantan a tan sólo cinco kilómetros del Palacio da Pena el voto de pobreza se llevó a su máxima expresión. Si bien la red de transportes para el turismo en Sintra es magnífica y existen autobuses que comunican los lugares más emblemáticos, este convento está más alejado que el resto y el único bus que te acerca vale quince euros. Nosotros decidimos ir andando y el camino merece la pena.

La entrada al convento se llama puerta de la muerte y simboliza el desprendimiento del mundo material. Foto: Sara Gordón

La entrada al convento se llama puerta de la muerte y simboliza el desprendimiento del mundo material. Foto: Sara Gordón

El convento de la Santa Cruz de la Sierra, su nombre real, fue edificado en total armonía con el medio en el que se encuentra. La vegetación se funde con las piedras que forman las paredes y enormes rocas de granito son parte de la construcción. Este equilibrio entre naturaleza y edificación se debe a la filosofía de los monjes que lo habitaron, que encontraban en la contemplación de la naturaleza la manera de adorar a su Dios, ya que creían a éste creador de esa misma tierra.

El convento estuvo habitado hasta 1834. Foto: Sara Gordón

El convento estuvo habitado hasta 1834. Foto: Sara Gordón

Ahora el convento se encuentra abandonado pero aun se puede apreciar cómo vivían los ocho moradores que siempre tuvo el lugar. Pasillos oscuros recorren las ocho celdas en las que los monjes se encogían para dormir, tan pequeñas que ni siquiera podían estirarse en ellas y las puertas pequeñas y estrechas que obligan a agacharse y retorcerse para entrar. Todo es minúsculo en el más conocido como “convento de corcho”, material que utilizaron para las ventanas y las puertas. El comedor también pequeño con una mesa formada por una laja de piedra, la cocina, la capilla, todo reducido para no confundir el sentido de la vida y perderse en comodidades.

Los pasillos comunican las celdas y también hay una habitación oscura que era la celda de la penitencia, utilizada para meditar. Foto: Sara Gordón

Los pasillos comunican las celdas y también hay una habitación oscura que era la celda de la penitencia, utilizada para meditar. Foto: Sara Gordón

La ermita Ecce Homo, la imagen en el interior simboliza la presentación de cristo a la población por Poncio Pilatos diciendo "he aquí el hombre". Foto: Sara Gordón

La ermita Ecce Homo, la imagen en el interior simboliza la presentación de cristo a la población por Poncio Pilatos diciendo “he aquí el hombre”. Foto: Sara Gordón

Los años y el abandono tan sólo han acentuado la naturaleza de fusión con el entorno. Paseando por sus laberínticos pasillos encuentras una atmósfera de misterio que invita a meditar sobre la vida de quien vivió allí y de sus pocas comodidades. Un sitio alejado y desconocido que merece la pena recorrer como contrapunto del resto de monumentos de Sintra.

Don Álvaro de Castro, consejero de Estado de Don Sebastiao y administrador de la Hacienda, fue el fundador de este convento con el fin de cumplir el deber de su padre, quien comenzó la  obra. Foto: Sara Gordón

Don Álvaro de Castro, consejero de Estado de Don Sebastiao y administrador de la Hacienda, fue el fundador de este convento con el fin de cumplir el deber de su padre, quien comenzó la obra. Foto: Sara Gordón

el 1995 la UNESCO clasifica la Sierra de Sintra como Paisaje Cultural- Patrimonio de la Humanidad. Foto: Sara Gordón.

el 1995 la UNESCO clasifica la Sierra de Sintra como Paisaje Cultural- Patrimonio de la Humanidad. Foto: Sara Gordón.

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