EL CASTRO DE SANTOME

A escasos tres kilómetros de Ourense se encuentra un yacimiento arqueológico que aguanta el envite del tiempo resguardado entre una vegetación característica de la hoya orensana. El paseo desde el centro de la ciudad merece la pena, primero se camina por la antigua carretera de Monforte hasta cruzar el río Loña. Desde este punto comienza la vía romana que enlazaba Bracara con Asturica, las enormes losetas se reparten de manera desordenada por un camino flanqueado por muros de piedra. Los árboles nos cobijan del sol mientras saltamos de piedra en piedra. El recorrido es muy corto y en seguida se alcanza el alto del emplazamiento castrense.

La vía romana que conduce al castro de Santomé.

La vía romana que conduce al castro de Santomé. Foto: Sara Gordón

Un bosque de robles, alcornoques, pinos y madroños adorna el lugar y esconde los vestigios de varias civilizaciones a lo largo de casi seis siglos. Los paneles informativos te guían por la historia del lugar, para comenzar te llevan al primer asentamiento del I a.C., que fue habitado por los nativos de la región pertenecientes a la cultura castrexa. Varias sendas recorren este conjunto que se encuentra en lo más alto, el lugar está estrategicamente elegido ya que disfruta de unas murallas naturales como son los acantilados del valle con el río Loña al fondo. Las vistas desde aquí son espectaculares, se tiene una amplia visión de la ciudad de Ourense y en el fondo del valle se ven las marmitas de gigante, formadas en las rocas por los remolinos naturales del río.

La planta de las casas castrenses. Foto: Sara Gordón

La planta de las casas castrenses. Foto: Sara Gordón

Las marmitas de gigante, como ollas enormes formadas por remolinos del río. Foto: Sara Gordón

Las marmitas de gigante, como ollas enormes formadas por remolinos del río. Foto: Sara Gordón

Seguimos con el recorrido del conjunto y el siguiente yacimiento es otro poblado del siglo II d.C. que se abandonó. Durante casi cien años el bosque se adueña del lugar hasta que es ocupado nuevamente por el imperio romano. Esta última etapa romana nos ha dejado un complejo habitacional que se conserva ampliamente.

En el siglo II, el poblado fue abandonado, hasta que cien años después volvió a ser ocupado por otra civilización con características galaicos-romanas. Foto: Sara Gordón

En el siglo II, el poblado fue abandonado, hasta que cien años después volvió a ser ocupado por otra civilización con características galaicos-romanas. Foto: Sara Gordón

Una excursión de una mañana que te permite desconectar de la ciudad, adentrarte en un bosque tradicional gallego y conocer las primeras culturas que poblaron el valle. El castro de Santomé es un lugar donde la naturaleza y la historia van de la mano, vegetación y pasado como vínculo para mostrarnos el presente. Al final todo perdura a su manera, ya los romanos se asentaron en esta tierra por el poder de las aguas termales y hoy en día tanto los visitantes como los lugareños seguimos sintiendo la misma atracción.

Ourense desde el castro de Santomé. Foto: Sara Gordón

Ourense desde el castro de Santomé. Foto: Sara Gordón

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