ALBARRACÍN: UN SALTO EN EL TIEMPO

En un meandro del río Guadalaviar se esconde una elipsis del tiempo. Resguardado del ruido y del asfalto sobrevive irreductible el pueblo medieval de Albarracín. Subir y bajar sus callejuelas empedradas es además de un trabajo duro, un paseo por otra época en la que el ancho de las calles no estaba supeditado al doble carril para los coches. Los balcones parecen tocarse acercando a sus habitantes y la piedra resguarda al visitante del sol sofocante de julio (que es cuando yo fui, no sé si tendrá el mismo efecto con el frio de diciembre, que debe ser igual de extremo).

Vista desde la Torre de Doña Blanca. Foto: Sara Gordón

Vista desde la Torre de Doña Blanca. Foto: Sara Gordón

La naturaleza defiende la localidad con el rio Guadalaviar, que prácticamente rodea la ciudad, al norte la sierra de Albarracín y al sur los montes Universales, pero por si esto fuese poco los hombres han contribuido a defender aún más a sus moradores con una muralla defensiva.

La catedral es del siglo XVI, heredera del estilo gótico levantino. Foto: Sara Gordón

La catedral es del siglo XVI, heredera del estilo gótico levantino. Foto: Sara Gordón

El nombre proviene de su historia como reino de taifas y la dinastía bereber que ostentó el poder en todo el territorio: Banu Razín. Como Taifa permaneció independiente a pesar de los intentos de los reinos de Zaragoza y Toledo para anexionarla. Debido a que su gobernante dejó de pagar parias a Alfonso VI de León y Castilla, el Cid Campeador decidió conquistar Albarracín para hacerlo tributario. Pero el fin de este periodo como reino independiente se debió a la Taifa de Valencia que en 1104 atacó y se anexionó todo el territorio.

Callejear por Albarracín es descubrir siempre un rincón nuevo. Foto: Sara Gordón

Callejear por Albarracín es descubrir siempre un rincón nuevo. Foto: Sara Gordón

En esta tierra de colores ocres y mirada larga las leyendas abundan, la más conocida es la de la Torre de Doña Blanca, hermana del rey de Aragón que desapareció en Albarracín escapando de la envidia de su cuñada y en días de luna llena abandona la torre en la que vive para vagar su tristeza por las calles. Sin embargo, he decidido relatar otra leyenda popular referida a este periodo musulmán de la historia.

Albarracín tiene en la actualidad 1.097 habitantes. Foto: Sara Gordón

Albarracín tiene en la actualidad 1.097 habitantes. Foto: Sara Gordón

Hace mucho tiempo en el castillo de Albarracín vivía un señor musulmán que escondía a su hija entre las paredes de las murallas como si de un preso se tratara. No sabemos si era bella, inteligente o muy risueña porque como digo nadie nunca pudo verla, sólo se acompañaba de sus doncellas. En la noche desde su alcoba escuchaba las risas y la música lejana, durante el día observaba desde su visión privilegiada de la fortaleza a los muchachos del pueblo chapuzarse en el rio, que imaginaba fresco, también les veía correr y subir los montes. Pero ella tan sólo observaba y soñaba. ¿De qué me sirve tenerlo todo, si todo cuanto me llega está enjaulado? Cada vez más soñadora una noche decidió escapar de su castillo. Corrió como nunca antes lo había hecho con una mezcla de miedo y libertad desconocida hasta que cerca de la localidad de Frías encontró las ruinas de un castillo donde poder refugiarse. Su padre cuando encontró la habitación de la joven vacía enloqueció buscando a su raptor por todo el reino. Un buen día una hechicera de Albarracín visitó al Señor y le dijo conocer el paradero de su hija.

–          Tu hija no fue raptada sino que se escapó por voluntad propia. Ahora vive en los bosques, se alimenta de frutos y juega con los animales pero tú nunca la encontrarás.

El padre rojo de ira encargó el peor castigo para su hija:

–          Ya que huyó por voluntad propia no deseo su muerte pero sí que tenga una vida dura. Que no encuentre comida y agua fácilmente. Que nadie se enamore nunca de ella.

Y así sucedió a partir de entonces, cuando la chica se acercó a la fuente cercana al castillo para beber, el chorro dejó de brotar agua misteriosamente. Pero aunque a la princesa le costó más trabajo encontrar la comida y el agua nunca regresó junto a su padre porque a pesar de las dificultades entendió la libertad y nunca más quiso seguir las órdenes de nadie.

La localidad es Monumento Nacional desde 1961; posee la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de 1996. Foto: Sara Gordón

La localidad es Monumento Nacional desde 1961; posee la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de 1996. Foto: Sara Gordón

Aún se conserva esta fuente llamada la Mentirosa que tiene un caudal intermitente y sin explicación alguna deja de brotar su agua. Puede que sea porque la princesa se encuentra cerca intentando saciar su sed.

Se conserva la arquitectura popular con la forja de la zona y el color rojizo característico llamado rodeno. Foto: Sara Gordón

Se conserva la arquitectura popular con la forja de la zona y el color rojizo característico llamado rodeno. Foto: Sara Gordón

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