REQUIEM

Hay noticias tan tristes que te dejan un nudo en el estómago y una sensación de impotencia que es imposible despegar de tu piel. La imagen de ese niño Sirio muerto en la playa es tan dura que ofende nuestros valores, ofende los debates que escuchamos en los que se trata a la inmigración como si hubiera un excedente de tomates, ofende y duele estar en esta posición y ser un mero espectador del horror. No, no está tan lejos ni tampoco es tan ajeno como para pasar página. Se ha humanizado todo el drama que venimos viviendo en un niño de tres años que ha muerto escapando, que ha sido muerto por el mar y por la sociedad en la que le ha tocado vivir.  Como dice Hierro en su Requiem, yo sólo presento la noticia de que un niño sirio a muerto mientras todos debatimos, “no he dicho a nadie que estuve a punto de llorar”.

RÉQUIEM (Cuanto sé de mí, 1957)

Manuel del Río, natural
de España, ha fallecido el sábado
11 de mayo, a consecuencia
de un accidente. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
a las 9.30 en St. Francis.

Es una historia que comienza
con sol y piedra, y que termina
sobre una mesa, en D’Agostino,
con flores y cirios eléctricos.
Es una historia que comienza
en una orilla del Atlántico.
Continúa en un camarote
de tercera, sobre las olas
—sobre las nubes— de las tierras
sumergidas ante Platón.
Halla en América su término
con una grúa y una clínica,
con una esquela y una misa
cantada, en la iglesia St. Francis.

Al fin y al cabo, cualquier sitio
da lo mismo para morir:
el que se aroma de romero
el tallado en piedra o en nieve,
el empapado de petróleo.
Da lo mismo que un cuerpo se haga
piedra, petróleo, nieve, aroma.
Lo doloroso no es morir
acá o allá…

Réquiem aetérnam,
Manuel del Río. Sobre el mármol
en D’Agostino, pastan toros
de España, Manuel, y las flores
(funeral de segunda,
caja que huele a abetos del invierno),
cuarenta dólares. Y han puesto
unas flores artificiales
entre las otras que arrancaron
al jardín… Libérame Dómine
de morte aeterna… Cuando mueran
James o Jacob verán las flores
que pagaron Giulio o Manuel…

Ahora descienden a tus cumbres
garras de águila. Dies irae.
Lo doloroso no es morir
Dies illa acá o allá,
sino sin gloria…

Tus abuelos
fecundaron la tierra toda,
la empapaban de la aventura.
Cuando caía un español
se mutilaba el universo.
Los velaban no en D’Agostino
Funeral Home, sino entre hogueras,
entre caballos y armas. Héroes
para siempre. Estatuas de rostro
borrado. Vestidos aún
sus colores de papagayo,
de poder y de fantasía.

Él no ha caído así. No ha muerto
por ninguna locura hermosa.
(Hace mucho que el español
muere de anónimo y cordura,
o en locuras desgarradoras
entre hermanos: cuando acuchilla
pellejos de vino derrama
sangre fraterna). Vino un día
porque su tierra es pobre. El mundo
Libérame Dómine es patria.
Y ha muerto. No fundó ciudades.
No dio su nombre a un mar. No hizo
más que morir por diecisiete
dólares (él los pensaría
en pesetas) Réquiem aetérnam.
Y en D’Agostino lo visitan
los polacos, los irlandeses,
los españoles, los que mueren
en el week-end.

Réquiem aetérnam.
Definitivamente todo
ha terminado. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
por su alma.

Me he limitado
a reflejar aquí una esquela
de un periódico de New York.
Objetivamente. Sin vuelo
en el verso. Objetivamente.
Un español como millones
de españoles. No he dicho a nadie
que estuve a punto de llorar.

Jose Hierro

3 pensamientos en “REQUIEM

  1. Efectivamente, parece sencillo debatir sobre lo que parece estar pasando tan lejos que podría incluso no ser la tierra,pero ni es sencillo, ni ocurre tan lejos.
    Historicamente está aquí al lado, o quizás ya nadie recuerda a los españoles del 39 buscando una salida hacia Alemania o Mexico…hay heridas que no se quieren destapar.
    De la distancia geográfica, prefiero no decir nada, porque la impotencia se hace grande al pensar lo fácil que debería resultar tender una mano.
    Sigamos pues debatiendo en una mesa, mientras evitamos las imagenes de ese niño sirio, y nos autoconvencemos de que es inevitable y rezamos (los que aún tienen fé) para que no ocurra al lado de casa.

  2. Existen fotos impactantes que dan una bofetada de realidad a todos los que las vemos. Creo que nadie, que se le pueda catalogar como ser humano, no siente pavor, desasosiego y horror.
    Como europeo debo hacer autocrítica de como se está gestionando esta crisis humanitaria.
    No puede ser que se prime la economía por encima de los seres humanos. EL capitalismo es un monstruo que se rebela con su creador, ya no está supeditada al bienestar del ser humano sino que somos nosotros sus esclavos.
    ¿Cuando hemos perdido el norte? Puede que nunca lo encontráramos.

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