KRATIE: LA SONRISA DEL DELFIN DE IRRAWADDY

Una música atronadora ameniza el viaje en un autobús destartalado que esquiva baches y adelanta sin importarle las líneas continuas o las curvas. En una pequeña televisión se suceden videoclips con telenovelas amorosas que nos ayudan a descifrar las letras de las canciones. Cuando llegamos lo agradecemos más por el silencio que por estirar las piernas después de 5 horas y media desde Phnom Penh, estamos en Kratie.

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Kratie suele ser una parada en el viaje entre Laos y Camboya. Foto: Sara Gordón

La provincia de Kratie se encuentra al norte de Camboya y está atravesada de arriba abajo por el gran río Mekong. Si las aguas marrones y turbulentas del Mekong hablaran tendrían muchas anécdotas que contar ya que sus 4.000 kilómetros recorren, desde su nacimiento en los Himalayas; China, Birmania, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam donde se multiplica en nueve brazos que abrazan el Mar de China Meridional.

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El Mekong es el octavo río más largo del planeta. Foto: Sara Gordón

Una barca amarilla chillón que se inunda lentamente nos adentra sosegadamente en el Mekong. Por más que avanzamos hacía la otra orilla no logramos verla, el marrón de las aguas se sucede sin fin hasta el horizonte aunque de vez en cuando hay islas de vegetación. Cuando nuestro conductor estima conveniente detiene el motor y mientras achica agua nos señala al río, miramos atentamente y entonces comienzan a asomarse tímidamente cabezas y aletas del delfín de Irrawaddy.

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El delfín del río Irrawaddy nace midiendo tan sólo 1 metro, pero cuando llega a adulto puede alcanzar aproximadamente los 2,3 m. Nada más nacer pesa alrededor de 10 kg hasta alcanzar los 130 kg durante la madurez. Foto: Sara Gordón

Las siluetas se perfilan con la luz del atardecer dando al paisaje un toque mágico. El delfín de Irrawaddy se asoma unas veces cerca de la barca y otras más lejos con esa sonrisa eterna y nosotros esperamos expectantes, en silencio, su siguiente aparición. Este animal está catalogado como especie vulnerable debido a su menguante población y los peligros que enfrenta, todos consecuencias de la acción del hombre como: muchos mueren ahogados al quedar atrapados en las redes de pesca, colisionan con embarcaciones y sus hélices les hieren mortalmente, se pescan para consumo humano y también se ven afectados por el ruido de la explosiones provocadas por la pesca con dinamita (por lo visto en Camboya es muy común).

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El Mekong es un pilar de la riqueza de la península indochina, pues proporciona sustento a unos cien millones de personas. Foto: Sara Gordón

Aún hacemos otra parada antes de ir a la ciudad, tenemos ante nosotros los 444 escalones que son necesarios para alcanzar la cima en la que reposa el Wat Phnom Sombok, un templo budista del que bajan por la ladera más de cien estatuas de monjes con sus cuencos de mendigar. Estas esculturas se pierden entre los árboles y la espesura de la maleza pero aparecen de nuevo un poco más arriba. Todos los monjes llevan su cuenco que simboliza la renuncia a una vida de comodidades y el fin de las preocupaciones por el futuro. “Todo aquello que alguien pone en el cuenco, ya sea comida, dinero o cualquier otra limosna es considerado un regalo del universo. Y aunque el cuenco pudiera parecernos relacionado con “la dependencia de otros”, su simbolismo descansa en la enseñanza budista del desprendimiento de las cosas materiales, la “no-permanencia”, y el vacío. El cuenco es quizá el símbolo final de la sumisión y el desinterés por las cosas materiales.”

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Este es el templo más importante de la región. Foto: Sara Gordón

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Cada monje tiene un nombre esculpido en la base. Foto: Sara Gordón

Hay dos paradas en la subida en la primera viven los monjes con sus túnicas naranjas y en la segunda viven las monjas que visten de blanco y tienen la cabeza rapada al igual que los hombres. El último nivel está protegido por nagas (serpientes) de siete cabezas y rodeado por estatuas de monjes meditando plácidamente. Las vistas desde aquí son impresionantes, se ve Kratie y el Mekong con sus curvas, sus bifurcaciones, sus islas… ¡Cuánta paz!

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En época de lluvias el verde es el color predominante del paisaje. Foto: Sara Gordón

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Alrededor del templo principal se suceden conjuntos escultóricos como este que se ve en la fotografía. Foto: Sara Gordón

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